El Describidor

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Cuentos, descripciones, poemas, relatos de viajes y aventuras, estados de ánimo.

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Viernes, 26 de agosto de 2005

ADVERTENCIA: HOY ME CAMBIO DE CASA

A PARTIR DE HOY ME ENCUENTRAS EN http://eldescribidor.blogspot.com

¿Porqué me cambié? Por comodidad: todos mis blogs están en blogger; sólo éste estaba en otro dominio. Los espero en mi nueva casa, y gracias por visitarme.

Por: Carlos Duarte Merino | General | Comentarios (0) | Referencias (0)

Jueves, 25 de agosto de 2005

Una hormiga

¿Se han puesto a mirar a una hormiga alguna vez?

Tendido en el pasto, mi mentón sobre las manos superpuestas, veo todo un mundo lleno de movimiento y concentración. No tiene colores más que la tierra y algunos verdes. No tiene sonidos, más que algunos crujidos, y la brisa que parece venir desde el infinito. Es el mundo de las hormigas.

Calladas, en silencio, en eterno caminar. Algunas viajan vacías, otras portan sobre sus espaldas enormes (para ellas) pedazos de hojas o de alguna substancia que les será necesaria. Cada tanto se divisan algunas que ofician de inspectores de tránsito; me imagino que tendrán diminutos pitos y regularán la fila con sus silbatos. No se de donde vienen ni adonde van... solo transcurren. Trabajan el día entero ¿descansarán alguna hora, aunque sea por minutos nada más?

Alguien debe comandarlas. Debe haber alguna "hormiga Reina" (así, con mayúsculas) que dicte instrucciones o de orientaciones. Alguien, o algo, debe poner el orden que aquí se nota. Lo cierto es que por mucho que se mire no se ve a ningún dirigente; aparentemente, todas saben qué hacer y cuando hacerlo.

Es interesante. Y es inevitable compararlas con la organización humana. Verdaderamente da envidia verlas moverse en función a TODOS.

Por: Carlos Duarte Merino | Pensamientos | Comentarios (0) | Referencias (0)

Lunes, 22 de agosto de 2005

Orquideas

¿Hay algo más suave y simple, mas bello, que una orquidea?

Se acerca Octubre, mes en que las orquídeas estallan en una sinfonía de colores como no existe igual en la tierra. La paleta del Creador se esmeró en dejar los mejores tonos y matices para estas flores... y lo logró. No existe flor más suave, más simple, mas bella que una orquídea.

Hoy he estado en un orquideario, y fué como estar en una maternidad. Cientos de pequeños capullos, como huevos verdes colgando de sus madres, esperan el momento de eclosionar y regalarnos con la flor colorida y exótica. ¿Quien da la señal? El mismo que lo viene haciendo desde tiempos inmemoriales. Mientras tanto, miles de abejas, mosquitos, libélulas, esperan ese momento para regalarse con el nectar y esparcirlo por su camino. Es la vida que apela a sus mecanismos para perpetuarse.

También he visto orquídeas en el monte. Humildes, tímidas, aferradas a los troncos de árboles cascarientos, espiando a sus insectos amigos y llamándolos con el viento que esparce sus perfumes. es muy distinto el paisaje, pero es más vital. En la selva no hay riegos diarios, ni ambientes artificiales; hay lucha por la gota diaria de rocío, y por captar hasta la última brisna de brisa o esquivar hasta el último grado de calor tórrido del trópico. Aquí, no se juega, aquí no hay nadie que las cuide.

Por: Carlos Duarte Merino | Descripciones | Comentarios (0) | Referencias (0)

Lunes, 08 de agosto de 2005

Chiquitanía

¡Que pastel de lomas, piedras y palmeras!

Hace unos 8 años que no vamos a la Chiquitanía, tierra de encantos y jesuitas expulsados, de aires suaves y hombres emprendedores.

Dejamos el llano por un camino excelente (por momentos pensé estar en otro país) y luego de unas pocas horas entramos al mundo de las lomas y las curvas. Pendientes suaves, palmeras sueltas y desperdigadas por todo el paisaje, y piedras graníticas mirándonos pasar como gigantes teluricos haciendo guardia. De vez en cuando una laguna, la más de las veces artificial. Ganado paciendo mansamente. Lugareños caminando, o descansando a la vera del camino. Un calor agradable, brisa suave y acariciadora. ¿Existirá algo más parecido al paraíso que estos parajes chiquitanos?

También es la tierra de las orquídeas. Mil formas y colores explotan en los últimos meses del año, creando una sábana multicolor que sólo Dios podrá mirar en su conjunto, desde arriba. Nosotros, pobres mortales, nos extasiamos con cada una.

La gente, sencilla y sabia, nos recibe con el cariño de quien se sabe dueño de una riqueza inexpropiable. Con orgullo muestran y hablan de su tierra.

Por: Carlos Duarte Merino | Descripciones | Comentarios (0) | Referencias (0)

Viernes, 05 de agosto de 2005

Los tiempos que corren

Son tiempos de incertidumbre, casi de angustia. Nada nos permite avisorar el futuro, nada nos indica por donde caminar. Sobrevivimos, sin esperanza; mas bien, existe una esperanza nos mueve a seguir adelante: peor no nos puede ir. Dicen que los paises no quiebran... ¿será cierto? Si vivimos en un país quebrado...

El divorcio entre el pueblo y su clase dirigente es notoria y fatal. La clase (sin ninguna "clase", por supuesto) sólo se preocupa de sus pobres privilegios. Y el pueblo, de huirle a la clase para que no los siga esquilmando. ¿Puede haber un proyecto peor concebido de coesxistencia?

Y lo peor es que no nos damos ni cuenta de nuestra realidad. Somos desubicados. Si somos ricos, no nos percatamos que el más rico del país sólo sirve cafecitos en las reuniones con sus pares (¿impares?) de otros paises. Si somos pobres, a eso nadie nos gana: ¡somos pobre de frentón! Realmente vivimos en una burbuja, blindada por nuestras pobres percepciones.

Que pena ¿no? Y sobretodo, que pena que pudo ser diferente. Es que nos acostumbramos a vivir en la derrota. En éso, tampoco nadie nos gana. Nadie como nosotros para vivir en la incertidumbre, nadie como nosotros para vivir en la abulia mental. Nuestro negocio es seguir siendo como somos, así atraemos la atención y la caridad mundial. El día que mejoremos (¡Dios no lo quiera!) dejarán de llegar los millones. Y lo peor es que hay una pléyade de iluminados que nos lo dicen a cada rato. Por la prensa escrita y hablada lanzan sus diagnósticos y sus pronósticos, demostrando lo sabio que son y lo estúpido que somos nosotros en no seguir sus consejos. Hasta ellos son desubicados: el día que los escuchemos, dejaremos de recibir la torta. Y eso ¿quién lo quiere?

Que pena ¿no? Y justo aquí se me ocurre tener hijos....

Por: Carlos Duarte Merino | Pensamientos | Comentarios (0) | Referencias (0)

Jueves, 04 de agosto de 2005

Mandan dirun dirun dan

¡a jugar llaman!

¡Que ruido que hacen los niños al jugar!
¿Porque no seremos capaces, al igual que un niño,
de hacernos escuchar?
¡No se puede perder tiempo, hay que trabajar!

¡Que tiempo que pierden los niños al jugar!
¿Porque el tiempo vale tanto
si tendemos a perderlo sin motivos?
¡No se puede perder tiempo, hay que trabajar!

¡Que vida que pierden los niños al crecer!
¿Porque nos alegra que crezcan
y se parezcan a nosotros? ¿Porqué nos duele envejecer?
¡No piensen en esas cosas, hay que trabajar!

¡Qué lástima no ser niños! ¡Que envidia no poder volver atrás!
¿Porqué nos entristece el vivir al mirar a los niños jugar?
¿Porqué nos vivimos quejando del tiempo y su eterno caminar?
¡Porque... hay que seguir adelante! ¡Hay que trabajar!

Por: Carlos Duarte Merino | Poemas y prosas | Comentarios (0) | Referencias (0)

Jueves, 04 de agosto de 2005

Leerás estas líneas...

Leerás estas líneas
y te darás cuenta de que escondido tras las letras
estaré yo observando tu rostro,
mirando como tus ojos acarician mi poema.

Veré pasar mil reacciones por tu cara.
Una veces estallarán risas, nerviosas, pero risas al fin,
otras tus ojos velados por el recuerdo inventarán un suspiro
y me llamarán.

Te preguntarás en qué pensaba cuando estas líneas nacían.
Te seré sincero: a veces, no siempre, pensaba en ti.
Pero estabas presente, siempre presente,
al tejer en el papel con la tinta que pasea por mis venas.

Te darás cuenta que a medida que lees te irás adentrando en mi ser,
conociendo mis entrañas, reconociendo mi cuerpo, mirando mis ojos,
develando aquello que lucha por salir
desde el fondo de la profunda quebrada de los sentimientos protegidos.

Sabrás que a medida que lees me voy adentrando en ti.
Recíbeme. Sólo notarás un calor suave creciendo en tu cuerpo,
y esa ansia sorda de compartirlo, de gritar, de acariciar.
Sin pensarlo, sin pedirlo, sólo sabrás que te fundes en mí.

Cuando termines de leer te darás cuenta
de que, al fin,
pese a todo
somos uno.

Por: Carlos Duarte Merino | Poemas y prosas | Comentarios (0) | Referencias (0)

Domingo, 31 de julio de 2005

Mercaditos

...¡llevate un kilo caserito!...

Es una ola trémula e interminable. Imposible mirar hasta el horizonte: termina ahí, a pocos metros. Nuestra vista choca con un rostro bronceado, una pollera multicolor o un canasto cargado de chucherías. Imposible caminar en línea recta: en este universo no existe esa figura geométrica, sólo curvas, esquives, vueltas y revueltas. Hay de todo, lo que se quiera o se busque, incluso lo impensado. Y por supuesto está lo que nunca pensamos en comprar, y terminamos comprando. Los olores se mezclan: perfumes de frutas tropicales, hedores de basuras en descomposición, sudores de cuerpos trabajados, humos de escapes combustibles, de todo se huele.

¿Buscas ropas? Ahí, junto a zapatos y lociones y alimentos y cuadernos esperando cultura y artefactos electrónicos. ¿Buscas nada en particular? También está, igual lo encuentras, entre todo lo anterior y junto a la ropa. El indio camina junto al blanco, el colla junto al chapaco o el camba, nadie tiene documento de identidad, todos nacieron en este planeta. De vez en cuando sobresale una cabeza color oro, despeinada, ojos azules, piel descolorida y picada de mosquitos, vestido deportivo y actitud de "no se fijen en mí". Policías, color selva oscura, pasan medio desapercibidos entre la muchedumbre, cuidando un orden que nadie piensa desordenar. El mercadito es el resumen de la nacionalidad... perdón, de la americanidad. Es un ejemplo de las Grandes Naciones Unidas que los políticos tratan de vendernos y que hasta ahora no se logra por culpa de ellos. Ah, y también a veces se divisa un político y su señora, gastando su dinero con verguenza, a sabiendas de que los demás conocemos su origen o lo adivinamos sin equivocarnos. También forman parte de la fauna... como las hienas o los chacales o las aves de carroña.

Niños vagan, tristes y alegres, buscando alguna sobra o "encontrándola" entre las bolsas y canastos. Es imposible no sentir pena al ver que compiten con los perros callejeros en su labor. Ahí vaga nuestro futuro. ¿Colores? Toda la paleta del creador. Predomina el rojo y el verde. ¿Sangre y monte? En las ropas, en las cáscaras de las frutas, en los ojos, en las mejillas y en las manos callosas de trabajos forzados y exigidos.

Estoy admirado, enmudecido de ver tanta vida bullente y ajena. A propósito, ¿a qué vine al mercadito?

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Viernes, 29 de julio de 2005

El vigía

... nada por aquí, nada por allá...

La copa del vigía apenas se divisa a lo lejos, allá arriba, bamboleándose al ritmo que impone el mar embravecido. A veces desaparece entre el gris de las nubes; otras veces parece abalanzarse contra nosotros a velocidades vertiginosas y con deseos inmisericordes de estrujarnos contra el puente; otras, emerge de su invisible presencia dibujada contra el cielo negro en medio de la luz de un relánpago. Las escalas de cuerda parecen banderas, saludando vigorosamente a nadie, rogando al cielo para que la tormenta deje su amenazante bramar. El crujido del mástil se entreteje con el ruido de las olas y el silbido del viento. Es una de esas tormentas de las buenas. Pensaba subir pero las ganas de vivir me hacen retroceder. ¿Qué sentido tiene mirar un horizonte que se desdibuja en esa furia?

Por: Carlos Duarte Merino | Descripciones | Comentarios (0) | Referencias (0)

Jueves, 28 de julio de 2005

Selva adentro...

¿Se puede estar solo y rodeado de vida?

Camino la senda abierta por ignorados machetes
sintiendo en la cara los látigos de lianas sueltas y ramas desprendidas
y en los pies la suave tersura
del manto de hojas secas...

Escucho el silencio desgarrado por gritos salvajes
de habitantes que repelen la invasión a sus dominios
y llaman al retorno de la paz original
besada por la brisa...

Respiro el aire teñido de humedad y miro el paisaje pincelado de verdes
limitado de ocres madera y oscuros tajos abiertos en la espesura
mientras los rayos de un sol acariciador como un amante
juguetean y chispean entre los espacios vacíos...

Estoy solo, y entregado, rodeado del erotismo vital de selva virgen
sintiendo hervir mi sangre, fundiéndome en la bruma escondida
rodeado de helechos y musgos, hecho vida en la vida
hecho selva...

¡Nunca me sentí mas vivo! Caminando
por la masa vegetal, por los túneles verdes, por los gritos,
por las flores ignotas, por las piedras, por las ramas tendidas,
rodeado de mil ojos que te miran sin ser vistos,
¡Nunca me sentí mas vivo!

Por: Carlos Duarte Merino | Poemas y prosas | Comentarios (0) | Referencias (0)

Martes, 26 de julio de 2005

¿Que es un "describidor"?

...mirar...ver...describir...

Es, básicamente, un espectador. Un reportero de guerra, que mira y ve las cosas y situaciones, y las describe. No pretende ganar causas ni hacerlo mejor que otros, sólo describir. Reflejar, lo más exactamente posible, el momento. Usar la palabra justa para el objeto adecuado. No persigue otra cosa que plasmar, en palabras, lo que una fotográfica hace en papel o en unidades digitales.

¿Cual es su origen? La curiosidad. ¿Cual es su destino? Despertar la curiosidad en otros, para que hagan lo mismo. Quizá si todos nos ponemos a describir nuestras propias vidas y vivencias, terminemos haciendo un planeta mejor. Quizá si describimos lo feo del mundo, terminemos por evitarlo e incluso anularlo. ¿Necesitamos escritores? No lo creo... necesitamos describidores.

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Lunes, 25 de julio de 2005

El eterno fluir del tiempo...

El tiempo.... esa cosa indefinible

Si la vida es un continuo flujo en el tiempo, ¿porqué nos preocupa más el pasado que el futuro? Siempre estamos revisando y cuestionando el pasado, nuestras acciones ejecutadas, pero... ¿porqué no cuestionamos el devenir? ¿Porqué no le damos la importancia debida a lo que vamos a hacer? ¿No debería el futuro ocupar más de nuestro tiempo que el pasado?

¿Será porque el pasado es conocido? Y si así fuere, ¿qué podremos cambiar? Por último, y si es tan conocido, ¿porqué volvemos a cometer los mismos errores?

Stephen Hawkings se preguntó "¿porqué recordamos el pasado y no el futuro?". Creo que sí recordamos el futuro, aunque en otra dimensión temporal, o en un cono de probabilidades de ocurrencia, si se quiere ver así. No nos hacemos preguntas acerca del futuro, pero "lo recordamos" porque de alguna manera sabemos que ocurrirá de determinada forma con más/menos una cierta probabilidad de que ocurra de otra. Nos hacemos preguntas angustiadas sobre el pasado y no sobre el futuro porque los hechos pasados ocurrieron "fuera" del cono (agreden nuestra manera de ver al mundo) mientras que todos esperamos que el futuro ocurra dentro del cono. Es decir, "recordamos" comportamientos futuros aunque no hayan ocurrido temporalmente. Popularmente decimos que la vida transcurre en forma monótona, es decir, sin grandes cambios en el transcurso desde el pasado hacia el futuro.

Me gusta pensar que el futuro es mas conocido que el pasado, simplemente porque es la materia prima de nuestra vida. Podemos crearlo a nuestro gusto y a nuestras circunstancias. Lo único que esta faltando es que alguien defina las ecuaciones que lo explican. Con el pasado soy hombre mortal, dependo de aspectos nimios como el alimento o el aire o la misma vida, pero con el futuro... soy una idea y por lo tanto eterno.

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Domingo, 24 de julio de 2005

Recuerdos de viaje...

¿Cual ha sido tu viaje más interesante?

He viajado mucho... por lo menos, más que el promedio. Mis millas se acumularon a lo largo del tiempo y he perdido los boletos como para exigir premios. Sólo mantengo conmigo los recuerdos de paisajes, rostros, gestos, pedazos de manpostería hechas obras de arte, animales y vegetales, amaneceres y atardeceres. Hasta tuve el privilegio de haber visto el rayo verde una vez en mi vida, en una playa desierta de Buen Retiro (Chile), en aquellos momentos en que el sol se fundía en el mar horizonte, como un pedazo de metal en un caldero infernal. Dicen los viejos que es muy raro verlo (no alcanzan a decir que los que lo ven son elegidos para algo), y... yo lo ví, llenar el cielo con una pincelada de esmeralda por una milésima de segundo.

Todos fueron interesantes. Todos me enseñaron algo y en todos algo dejé como para que me recordaran. ¿Uno en particular? Quizá uno, por mi edad y las circunstancias. 14 años no es edad como para aventuras peligrosas, pero tuve la suerte de ser apoyado. Sin tener nada que hacer en una vacación, llenamos un par de maletas con mercaderías sobrantes (en éso el negocio de mi madre era pródigo) y nos embarcamos en un bote de buzo rumbo a la isla Santa María... esa isla que apenas se vé como una raya en el horizonte.

Decir que el viaje fué placentero es una exageración. Un bote de buzo mide unos 7 metros de largo, de los cuales la bomba manual del aire llena casi un 30% en el centro. En el resto, mezclados con bolsas de vituallas y víveres, íbamos mi amigo, los cuatro buzos dueños del "barco", nuestras maletas y yo. El resto era mar, murallas de mar, en el que la cáscara subía y bajaba, regularmente, casi con ritmo matemático. Cuando estábamos abajo, sólo era mar a ambos lados y algo de cielo arriba, nada mas. Cuando estábamos en la cresta, la costa se alejaba y la isla se acercaba, y el resto mar como surcos enormes que se perdían a lo largo de la vista. Lo único diferente eran los surcos de blanca espuma dibujados con desdén en las murallas hídricas, y el degradé de colores que iban desde el celeste pálido en la cima, hasta el negro carbón en la sima, pasando por mil tonos diferentes de verde. Finalmente, llegamos a la caleta de pescadores, con nuestro entusiasmo mas vivo que nuestro escuálido cuerpo, y dando gracias a un Dios, a cualquiera, por seguir viviendo.

La vuelta fué similar, aunque con un mar un poco mas picado. Es decir, los muros eran mas altos, las simas más profundas, el subir y el bajar interminables, el ruido más grave y amenazador, y los colores más monótonos ya que el cielo encapotado y gris se había llevado los celestes y los verdes. Lo único que nos tranquilizaba era el rostro de esos pescadores, curtidos por el sol y el aire salino, imperturbables y ensimismados en sus pensamientos, tranquilos en su inmovilidad de héroes marinos. ¿En qué pensará un pescador en esos trances?

La estadía en la isla, de rutina: no vendimos casi nada (en realidad, ni tratamos de hacerlo), supimos de sabores exóticos (como esos pescados envueltos en arcilla roja y puestos a las brasas), hicimos nuevos amigos entre los hijos de pescadores, vimos atardeceres de encanto y amaneceres aventureros. Más nos dedicamos a tostar nuestras humanidades al sol que a comerciar. Todo normal para muchachos de esa edad. Lo realmente inolvidable fué el viaje. Esas 2 o 3 horas de navegar por ese mar desconocido y de caracter irascible son algunas de las más profundas heridas en la masa informe de mis recuerdos.

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Sábado, 23 de julio de 2005

¡Que frio hace!

brrrrrr...

Nos rodea, nos envuelve sin hacerse notar, sólo sentir. Corta la cara, las manos, y las ganas de caminar por las avenidas. Termina, cual cuchillo carnicero, con los deseos de conversar y de intercambiar experiencias. Hasta las manos de los enamorados se muestran mezquinas en anudarse. Los pájaros ya no buscan los alambres, buscan los huecos y los albergues. Los perros callejeros buscan cambiar su libertad por un poco de abrigo, y hasta los muertos piden una cobija.

Pese a todo, aún le encontramos cierto encanto a la soledad que el frío crea. Es una de las pocas cosas propias que nos quedan: nadie quiere compartirlo.

Por: Carlos Duarte Merino | Poemas y prosas | Comentarios (0) | Referencias (0)

Viernes, 22 de julio de 2005

Ding Dong...

¡Me mata la curiosidad!

Ding Dong... Ding Dong.... suena el timbre y corro a abrir la puerta. ¿Será, por fin, la muerte? ¡Tengo una curiosidad loca por ver lo que hay al otro lado!

Tanto me han hablado los sabios que no saben, que quiero llegar a saber más que ellos. Unos me dicen que es el fin, y otros apenas el comienzo. Unos me hablan del Padre y del Hijo y de una palomita, y otros de una especie de reservorio de almas esperando volver y reencarnarse. Unos hablan del descanso y otros del sufrimiento, ambos eternos. Por último, los biólogos me dicen que no es mas que el paso previo a transformarse en alimento. La verdad es que... ¡me mata la curiosidad!

Hay una razón más: aquí ya lo he visto todo. Con ojos propios o ajenos, veo que cada día se repite en su estúpida regularidad. Y ya estoy cansado de verlo. Solo una cosa pido: que no duela, por favor.

Por: Carlos Duarte Merino | Pensamientos | Comentarios (1) | Referencias (0)